domingo, 15 de enero de 2017

Oda a la monotonía




Monotonía, qué haría yo sin ti
te digo
mientras tus uñas arañan la piel de mis brazos, pataleas, tus manos buscan librarse de este inmortal cariño, y unas simpáticas burbujas escapan de tu boca sumergida bajo las aguas revueltas de la bañera.
Respira hondo, mi amor: ahora, rápido, vuelve a tomar aire para treinta segundos o tres horas, que en nada regresas adonde estabas: esa sorpresa, esta improvisación.
¿No lo ves?, todo es por darle emoción, para que sepas que no todo el mundo se encierra en tu aliento. Hay más pulsos, muchos más, fuera del corazón monocorde que late en nuestro pecho. Anda guapa, compárteme un secreto, sí, también debajo del agua: te amo casi tanto como te odio, o al revés. Mas nunca te mataría por falta de algo, tampoco de aire; quizá de exceso sí. ¿Morirías entonces feliz? No contestes, respira.




acróbata


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